El triple camino hacia las organizaciones con sentido

Francisco Giménez Plano y Mikel Bilbao Garay

Organizaciones con impacto a las que las personas desean pertenecer y en las que quieren permanecer

 

Las personas quieren encontrar sentido en todos los ámbitos de su vida, también en el trabajo, como una manera de vivir sus valores y estilo de vida de forma holística. Nuestro trabajo ya no es algo aislado que tiene por objeto ganarnos la vida, sino que se integra en una visión completa de nuestra vida que tiene como propósito desarrollarnos como personas.

Según diversos estudios, casi 8 de cada 10 personas trabajadoras en nuestro país se muestran descontentas con su situación y desenganchadas de su trabajo, llegando al 85% según el estudio global de Gallup. A ello, contribuyen con seguridad diferentes factores. Entre otros, el entorno de cambio acelerado que viven las compañías, la incertidumbre que ello genera, la complejidad de los procesos de transformación y del nuevo entorno digital para algunos y la ambigüedad resultante en los roles y responsabilidades, modelos organizativos, etc. En definitiva, lo que ha sido definido como el entorno VUCA.

Hay empresas que ya están actuando, considerando el impacto que estos entornos tienen en las personas. Así nos lo manifiesta Ángeles Delgado, presidenta de Fujitsu España, compañía tecnológica en la vanguardia de la transformación digital, en la que llevan tiempo trabajando en programas que tienen por objeto el sostenimiento emocional de sus colaboradores, con la finalidad de prevenir enfermedades de carácter psicosocial derivadas del entorno descrito.

 

Ha sido ampliamente demostrado que aquellas compañías con fuertes culturas empresariales alcanzan mejores y más sostenidos resultados en el tiempo. Esas culturas ponen a las personas en el centro y tratan de construir un sentido para los diferentes stakeholders.

 

De la visión parcial a la visión sistémica

Sin embargo este ejemplo refleja solo una parte de una visión integral de la persona y su desarrollo en el contexto organizacional, en la que se busca poner en equilibrio un ecosistema en el que los intereses del negocio estén en armonía con las necesidades y expectativas de las personas.

Quizá nos preguntemos si es o no posible esta integración y, casi con seguridad, para respondernos afirmativamente tengamos que superar un buen número de creencias limitantes asociadas a las experiencias asociadas a nuestro paso por organizaciones con un corte más tradicional, mucho más orientadas a los qués (resultados, indicadores, cumplimiento, control…) que a los cómos (competencias, formas alternativas de organizarse, valores, sentido de misión, sentido de propósito compartido… para alcanzar esos resultados). Lo cierto es que ya muchas organizaciones avanzan de manera decidida en la construcción de un futuro diferente, apoyado en una transformación digital imparable que también abre un enorme abanico de oportunidades. Un futuro que requiere una mirada amplia y disruptiva, y que necesariamente ha de considerar el conjunto, en el que las distintas partes se integran, y que como nos manifiesta la propia Ángeles Delgado, presidenta de Fujitsu España, solo puede construirse sobre la confianza.

Esta visión sistémica permite establecer un hilo de conexión entre la actuación de las personas en su día a día y aquello que da un sentido de contribución a algo mayor de lo que uno forma parte, de lo que da buena fe el propio Peter Senge, director del Centro para el Aprendizaje Organizacional del MIT, en su obra La Quinta Disciplina. Ha sido ampliamente demostrado que aquellas compañías con fuertes culturas empresariales alcanzan mejores y más sostenidos resultados en el tiempo. Esas culturas ponen a las personas en el centro y tratan de construir un sentido para los diferentes stakeholders. De esta forma, inciden en elevar el nivel de conciencia desde el  que la organización opera en su entorno, asegurando altos estándares de calidad en los resultados que alcanzan.

Otto Scharmer, autor de “Teoría U”, cofundador del Presencing Institute y profesor del MIT, alineado con esta perspectiva de desarrollo sistémico, señala que para ello debe darse una triple apertura: una apertura mental, una apertura emocional y una apertura de voluntad (o de conciencia). ¿A qué se refiere con ello?

La apertura mental supone cuestionarse todo tal cual es o ha venido siendo y abrirse a un universo de nuevas posibilidades. Abrirse a la creatividad y darse libertad de curiosear, de investigar, de preguntar, de asombrarte de nuevo, de jugar, de probar nuevas recetas y soluciones, de fallar y acertar…

La apertura emocional, para construir relaciones de calidad a largo plazo, desde la escucha y la empatía genuina por el otro. Nuestra capacidad de cuidado se expande desde el respeto y nos mantiene presentes y en conexión con las personas de nuestro entorno. Esa inteligencia emocional nos permite tener elem espacio para mostrar nuestra autenticidad y vulnerabilidad.

La apertura de voluntad, en la que el mundo deja de estar a mi servicio, desde mi posición, encarnada por mi rol, para ponerme al servicio del mundo. En esta apertura de voluntad, que se hace grande cuando se ejerce colectivamente, radica la nueva conciencia que los sistemas de los que formamos parte nos están pidiendo. Si la realidad que vivimos es el producto de sistemas interconectados, una nueva conciencia es necesaria para reconectar lo que ya está unido, y para obrar en consecuencia. Para obrar este cambio hace falta personas con coraje. Personas al servicio de la comunidad que, desde su responsabilidad por el sistema mayor del que forman parte, están llamados a dejar una huella positiva, tomando decisiones diferentes.

 

Nuestro entorno está cambiando y ya existe una aproximación diferente a los retos de nuestra sociedad, por el papel transformador de la tecnología a través de la digitalización y porque también están cambiando sus valores, donde la integración de realidades se abre camino, entre ellas generacionales, de géneros y de diferentes perspectivas.

 

El triple camino hacia la integración

Las organizaciones no dejan de ser más que el reflejo de la sociedad en la que viven. Y la sociedad está cambiando, como así lo demuestran iniciativas como El Foro NESI de Nueva Economía e Innovación Social, que tiene la visión de co-crear un modelo económico más sostenible, colaborativo, justo y democrático.

Nuestro entorno está cambiando y ya existe una aproximación diferente a los retos de nuestra sociedad, por el papel transformador de la tecnología a través de la digitalización y porque también están cambiando sus valores, donde la integración de realidades se abre camino, entre ellas generacionales, de géneros y de diferentes perspectivas.

Así sucede, también, en el seno de las organizaciones, que responden a ese estilo de vida que queremos ver representado en todos los actos de nuestra vida, también en el mundo económico, en el que se pide más responsabilidad, conciencia, co-creación y colaboración a diferentes niveles. No es extraño, por tanto,  que el último el barómetro global de confianza publicado el pasado enero por el Instituto Edelman, destaque que el 76% de la población mundial reclama más protagonismo de los líderes empresariales ante los retos que nuestra sociedad tiene que encarar. Esa confianza en el mundo empresarial queda reafirmada en el informe Deloitte 2018 sobre “Las 10 tendencias globales en la gestión de capital humano“ en el que se destaca la ciudadanía corporativa y el impacto social como parte de la identidad y estrategia central de cualquier organización.

Ese camino hacia la integración se dibuja desde las aperturas mental, emocional y de conciencia, ya mencionadas, y tiene tres carriles, que no discurren paralelos sino trenzados. Caminos que permiten el desarrollo de organizaciones innovadoras, aquellas que generan espacios en los que las personas pueden desplegar todo su talento y alcanzar todo el potencial de sus negocios; organizaciones saludables, en tanto que cuidan a sus personas por lo que son, y son ellas las que cumplen con su propósito como organización; y organizaciones excelentes, que logran sus resultados de manera óptima y sostenible para todo su entorno.

¿Eres capaz de imaginar, de sentir y de tomar conciencia, desde tu rol, desde tu departamento, desde tu división, desde los procesos y equipos de los que formas parte, cómo es la organización que te permite desempeñarte y desarrollarte personal y profesionalmente?

¿Eres capaz de imaginar, de sentir y de tomar conciencia, más allá de tu rol, de tu departamento, de tu división, de los procesos y equipos de los que formas parte, cómo sería o puede llegar a ser la organización a la que das vida?

Organizaciones innovadoras, organizaciones saludables, organizaciones excelentes. Si concebimos las organizaciones como seres vivos dentro de ecosistemas interconectados, somos conscientes de la importancia y relaciones que en las organizaciones se establecen, tecnología y personas, procesos y mundo emocional, propósito compartido y evolutivo, de la organización, los equipos y las personas. Dentro de la organización y en el entorno extendido, convertido en ecosistema social, del que somos cada día más conscientes de nuestra responsabilidad. Un triple camino para hacer de la organización una comunidad de impacto a la que las personas deseen pertenecer y en la que quieran permanecer. De esto trata organizaciones innovadoras, saludables, excelentes, o3, en el que la “o” se ha convertido en “y”.

 

La empresa con sentido: construir una comunidad consciente

Building Communities (BC) es un programa de actuación para las organizaciones que quieran construir su futuro tal y como lo construyen los grupos humanos exitosos, formando una Comunidad a la que todas las personas que se relacionan deseen pertenecer y permanecer.

BC es la materialización del firme convencimiento de que el futuro de las organizaciones empresariales, las empresas del siglo XXI,  consiste en que sus intercambios y relaciones contemplen y propicien que los seres humanos expresen, a través de ellos, lo mejor de su humanidad.

BC aporta la sólida convicción de que las personas pueden, también en la economía, manifestar lo mejor de sí mismas.

Un grupo humano exitoso, una Comunidad, satisface las necesidades de sus miembros al tiempo que teje una red de relaciones que son sostenibles porque han sido capaces de generar vínculos emocionales.

Una organización empresarial satisface necesidades de trabajo, de consumo, de rentabilidad. La satisfacción de necesidades sitúa a la empresa en el mismo punto de partida que cualquier otra Comunidad humana.

El siguiente artículo publicado por la revista Harvard Deusto Business Review, La empresa con sentido. Construir una comunidad consciente, sus autores desgranan los principios que sirven de referencia para construir la empresa que demanda el siglo XXI.

Construir una comunidad con todas las personas que interactúan con una organización o institución, privada o pública, supone la construcción de un mundo al que esas personas deseen pertenecer y en el que quieran permanecer.
¡Descárgatelo!

 

Descargar artículo